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Constitución del método hermenéutico como método del conocimiento histórico Imprimir E-Mail
Escrito por tilde   

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La necesidad de un método hermenéutico se deja sentir con fuerza, a partir del Renacimiento, en dos ámbitos culturales distintos: el filológico y el teológico.


Pero, a medida que se reflexiona sobre las características y condiciones del procedimiento hermenéutico, éste deja de ser una simple preceptiva al servicio del filólogo o del teólogo y plantea el problema de fondo de la comprensión.


En Schleiermacher encontramos el primer intento explícito de fundamentación teórica y, por tanto, un planteamiento reflexivo del problema de la comprensión y sus condiciones. De hecho, la técnica históricamente más importante que ha sido desarrollada con el propósito de reconstruir el pensamiento y las intenciones del autor de obras escritas es la hermenéutica metódica, cuyo iniciador y representante máximo fue Schleiermacher.


Schleiermacher se propone, pues, elaborar una hermenéutica centrada en el acto de comprender, caracterizándola como un arte o técnica (Kunstlehre, Technik) de la comprensión.


El punto de partida de la “hermenéutica universal” de Schleiermacher es la idea de que la posibilidad del malentendido, en la experiencia de lo ajeno, es universal. Por eso Schleiermacher define incluso la hermenéutica como “arte de evitar el malentendido”.


Lo que trata de comprender es la individualidad de una producción original, el pensamiento de un tú.

En consecuencia, la hermenéutica es, en último término, un comportamiento adivinatorio, un entrar dentro de la constitución espiritual del autor, una recreación de su acto creador.


Lo que fundamenta la posibilidad de la hermenéutica como adivinación congeniadota es, en Schleiermacher, una metafísica de la vida como vinculación previa de todas las individualidades. El presupuesto metafísico de Schleiermacher es que cada individuo es una manifestación del vivir total. Por ello, “cada cual lleva en sí algo de los demás, lo que hace posible la adivinación por comparación con uno mismo”.


Este autor es considerado por los posteriores filósofos de la hermenéutica y del lenguaje como el padre de la hermenéutica moderna, ya que su aporte logró superar los límites de la hermenéutica tradicional, dando realce a lo que se refiere a la apropiación intuitiva del autor, la comprensión adivinatoria, el sentir-con, el compenetrarse, el sin-tonizar, el entrar a la vida de uno.


"Hay que comprender el todo para poder comprender la parte y el elemento y, más en general, es preciso que texto y objeto interpretado, y sujeto interpretante, pertenezcan a un mismo ámbito, de una manera que se podría calificar de circular". He aquí los orígenes teóricos del llamado «círculo hermenéutico».


Para Schleiermacher lo referido a la comprensión intuitiva debe ir acompañado con la comprensión comparativa o histórica, en la combinación de ambas se cumple la tarea
hermenéutica. Mientras que la comprensión intuitiva significa un presentir o un concebir inmediato del sentido, la comprensión comparativa consiste en una fusión, por parte de la compresión de varios datos aislados. Ambos momentos constituyen el círculo hermenéutico, forman una unidad que exige meterse en el autor, hacerse de su situación e intención, a su mundo de pensamiento, de representación.

En Schleiermacher el círculo hermenéutico se presenta definido en sus dos dimensiones fundamentales: por una parte, el necesario pre-conocimiento de la totalidad de la obra que se debe interpretar y, por otro, la necesaria pertenencia de, tanto la obra como el intérprete, a un ámbito mayor.


De la teoría hermenéutica de Schleiermacher pueden derivarse dos conclusiones:


1ª) Que la perfección última de todo conocimiento, de toa interpretación está en la comprensión de la totalidad en la que se insertan las creaciones individuales.


2ª) Que, en consecuencia, cada texto individual no posee, en sí mismo, un valor autónomo. Es, más bien, un material mediador para el conocimiento de la totalidad.


Hegel hace una aplicación concreta de estas dos conclusiones en su concepción idealista de la historia universal. Llena de contenido metafísico el principio hermenéutico de que la comprensión de lo individual debe producirse por referencia a la totalidad. Aboga así a una metafísica de la historia universal cuyo sentido unitario depende de una hipotética meta final dogmáticamente establecida.

Frente a esta concepción hegeliana de la historia se levanta la Escuela histórica, con autores como Ranke, Droysen y Dilthey, que llevan a cabo, de manera diferente, una fundamentación hermenéutica de la historiografía.


Es decir, entre Hegel y la Escuela histórica hay una diferencia esencial en la aplicación historiográfica de la teoría hermenéutica. Los autores de esta escuela no llenan el principio hermenéutico con ningún contenido. Piensan en la totalidad de la historia universal simplemente como la idea formal de la máxima variedad y multiplicidad de lo humano. El sentido de la historia no le viene de fuera. Está en sí misma. En su devenir, cambiar y pasar se expresa el misterio de la inagotable productividad de la vida histórica.


En suma, lo que impulsa el devenir histórico y le da una unidad no es la subjetividad de los individuos, sino decisiones históricas recognoscible en sus efectos. Lo que confiere sentido al acontecer son los juegos de fuerzas resultantes de las decisiones, que producen continuidad.


Esta concepción de la historia, elaborad frente a la de Hegel, no está, sin embargo, exenta de presupuestos aprióricos.


(Breve Resumen - Teoría del Conocimiento - Diego Sánchez Meca).

 
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